
Conflicto en Irán: La Tormenta Perfecta que Amenaza la Alimentación Animal
La escalada bélica en Oriente Medio ha dejado de ser un conflicto estrictamente regional para convertirse en un factor crítico de desestabilización en los mercados globales de materias primas. Con el precio del crudo superando la barrera de los 90-100 dólares por barril debido a la inestabilidad en el Estrecho de Ormuz, la industria energética ha vuelto la mirada hacia los biocombustibles, desencadenando un efecto dominó que golpea directamente al sector de la nutrición animal.
La subida imparable del petróleo ha disparado la rentabilidad y la demanda de biodiésel. En este escenario, los aceites vegetales (soja, palma y girasol), componentes esenciales en las fórmulas de piensos para ganadería, están siendo absorbidos masivamente por las refinerías de biocarburantes. Esta desviación masiva de oferta desde el canal alimentario hacia el energético está provocando una escasez de subproductos oleaginosos y un encarecimiento histórico de las grasas vegetales destinadas a la alimentación animal.
A esto se une como consecuencia las subidas del precio del trasnporter y de las materias primas auxiliares, que están produciendo un importante incremento de los precios en origen y en destino para los consumidores.
Para empresas como Riosa, la situación plantea un desafío doble: la volatilidad de los precios en origen y la tensión logística derivada del conflicto. Mientras la energía siga vinculada a la escasez de aceites, la ganadería se enfrenta a una presión de costes sin precedentes. No se trata solo de una guerra por el control geopolítico, sino de una lucha por recursos que son el primer eslabón de la cadena alimentaria mundial.




