
Seis meses de conflicto: por qué las oleínas siguen más caras y más escasas
Hace medio año advertíamos en este mismo espacio de que la escalada bélica en Oriente Medio había dejado de ser un conflicto regional para convertirse en un factor de desestabilización de los mercados globales de materias primas (véase «Conflicto en Irán: La Tormenta Perfecta que Amenaza la Alimentación Animal», abril de 2026). Lo que entonces era un riesgo emergente se ha consolidado hoy como la nueva realidad del sector: el encarecimiento y el desabastecimiento en el mercado de las oleínas no han hecho más que agravarse.
El crudo no afloja, y el efecto dominó continúa
La tensión en el Estrecho de Ormuz mantiene el precio del petróleo en niveles altos y persistentes. De hecho, el barril de Brent promedió en septiembre en torno a los 102 dólares —moviéndose entre los 93 y los 110 según se recrudecían las tensiones en el Estrecho de Ormuz—, sin señales de distensión. Mientras el crudo siga caro, el biodiésel seguirá siendo rentable, y las refinerías de biocarburantes continuarán absorbiendo aceites vegetales —soja, palma y girasol— que antes se destinaban a la cadena alimentaria. Esa desviación de oferta desde el canal alimentario hacia el energético, que anticipábamos en abril, se ha vuelto estructural: no es un pico puntual, sino una competencia sostenida por la misma materia prima.
Menos subproducto disponible, precios en máximos
El resultado se nota con especial dureza en las oleínas y en las grasas destinadas a la nutrición animal. Al reducirse la disponibilidad de aceites vegetales y de los subproductos de su refinación, el mercado de oleínas convive con dos problemas a la vez: precios en origen que encadenan máximos históricos y una escasez de producto que dificulta cerrar volúmenes con normalidad. A la subida de la materia prima se suma el encarecimiento del transporte y de los insumos auxiliares, que traslada la presión tanto al origen como al destino y estrecha los márgenes de toda la cadena.
Una tensión logística que no cede
Al coste se añade la incertidumbre en el suministro. Las rutas marítimas siguen condicionadas por el conflicto, los plazos se alargan y la planificación se complica. Para un sector que trabaja con productos perecederos y contratos a plazo, la combinación de precios volátiles y logística tensionada obliga a anticiparse y a gestionar el abastecimiento con un cuidado que hace un año no era necesario.
El compromiso de RIOSA
En este escenario, en RIOSA reforzamos lo que siempre ha sido nuestra prioridad: garantizar a nuestros clientes un suministro estable y una calidad constante, incluso cuando el mercado juega en contra. Seguimos de cerca la evolución del conflicto y de los precios para tomar decisiones con la mayor anticipación posible y amortiguar, en lo que esté en nuestra mano, el impacto sobre la ganadería. Como decíamos en abril, no se trata solo de una guerra por el control geopolítico: es una pugna por recursos que son el primer eslabón de la cadena alimentaria mundial. Y en esa pugna, la fiabilidad del proveedor se ha convertido en un valor tan escaso —y tan decisivo— como la propia materia prima.




